han marcado máximos precisamente el mes en el que sabíamos que Alemania, Italia y Francia están en recesión, que la zona euro tenía un crecimiento nulo del PIB en el segundo trimestre, que los sabotajes y los atentados se adueñaban de Irak y de Oriente Medio, que Nueva York sufría un apagón, que el petróleo superaba los 30 dólares barril, y que los tipos de los bonos largos subían espectacularmente dando lugar a un "minicrack" en el mercado de renta fija.
Es verdad que también ha habido algunas noticias buenas en Agosto, como la nueva vitalidad de la economía japonesa o las cada vez más claras señales de que las empresas se han ajustado y vuelven a ganar dinero, pero hay que reconocer que, si al principio del mes alguien nos hubiese anticipado las noticias que íbamos a ir conociendo, nuestra posición habría sido inequívocamente negativa.
Como siempre que las Bolsas nos sorprenden, y éste mes de Agosto no es la primera ni desde luego será la última vez que lo hagan, hay que hacer, ante todo, un ejercicio de humildad. Los mercados pueden equivocarse y de hecho se equivocan, pero lo que en ellos ocurre no es "toreo de salón", sino que deriva de decisiones de muchos participantes que, a través de sus compras y ventas, no sólo expresan su opinión sobre el futuro sino que, además, arriesgan su dinero y sus ganancias. Los economistas, los analistas, o los comentaristas económicos pueden tener "su" opinión, pero la Bolsa no opina, la Bolsa actúa, dicta su ley y, los que no la siguen lo pagan duramente.
Cuando las Bolsas bajen, y es probable, lógico y hasta deseable que lo hagan en breve para descansar tras su espectacular subida, surgirán voces que traten de restar importancia a lo sucedido en Agosto, minimizándolo en base al reducido volumen ó a la dejadez ó ausencia de los grandes operadores en época estival. El tiempo dará y quitará razones, y lejos de nosotros la pretensión de ejercer de adivinos en un oficio, como el nuestro, en el que la equivocación es casi tan frecuente como el acierto. Pero, a nuestro juicio, y siempre con el riesgo asumido de equivocarnos, la lección de Agosto no debe olvidarse y esa lección nos dice que las Bolsas están transitando desde un ciclo bajista hacia un periodo de consolidación, y que, si se confirma un periodo de baja inflación, bajos tipos y moderado crecimiento, el escenario de inversión en empresas, en renta variable, que parecía proscrito, se va a recomponer.
Este periodo no va a ser ni mucho menos fácil. No todas las empresas lo harán bien, porque el entorno es difícil y la economía cada vez más competitiva. En el sector más alcista este año, el de los valores tecnológicos, estamos viendo como algunas empresas suben espectacularmente, pero otras ceden terreno. La diferencia entre unas y otras son los números que presentan, porque ya no vale la mera expectativa y el mercado selecciona muy cuidadosamente las empresas por las que decide apostar. Hay que seleccionar y, de vez en cuando, habrá que equivocarse, sin duda.
Hay cierto paralelismo entre la situación actual y la de hace diez años, en 1.993. Entonces las Bolsas subían, pese a que el entorno económico era realmente desalentador. Luego vino la crisis de la renta fija, en 1.994, y la consolidación bursátil de 1.994-1.995, cuando las economías no acababan de despegar. Y, finalmente, llegó el ciclo alcista 1.996- 2.000. Esta vez las cosas no tienen por qué ser igual, de hecho lo normal es que sean diferentes. Pero hay algo que permanece: cuando las Bolsas se mueven, hay que escuchar, y tratar de descifrar sus mensajes.
Habrá que pensar, tal vez, que cuando las Bolsas suben no sólo contra pronóstico sino también contra la lógica aparente de los datos económicos, hay algo que el mercado está descontando y que de momento no está en el escenario, no está en primera línea.
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